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IRONMAN DE LANZAROTE 2016

junio 20, 2016 por dcrivillen - No hay comentarios

Han un mes desde que el pasado 21 de mayo participé en lo que para mí ha sido el gran reto deportivo de la temporada 2016 y posiblemente de mi vida desde que practico triatlón: El IRONMAN de Lanzarote: 3,8kms nadando, 180 kms en bicicleta y 42 kms corriendo por esta maravillosa isla que te atrapa…

A continuación voy a tratar de comentar mis sensaciones durante la prueba. Espero que sirva de referencia para quien, como yo, se plantee embarcarse en esta aventura…

El día de la prueba

Suena el despertador… Las 4:00 A.M. Trato de levantarme sin hacer ruido para que tanto Marta como los peques no se despierten. He quedado con Carlos, Sali y Luís Pablo para desayunar en el hotel (Suite Hotel Fariones Playa),  que gentilmente abre hoy más pronto de lo normal para que los triatletas puedan desayunar con tiempo suficiente.

Hay una atmósfera maravillosa en el desayuno… Ese silencio nervioso acompañado de sueño, incertidumbre, dudas e ilusiones que tanto me gusta y que hace de este tipo de eventos algo especial. Desayunamos sin hacer experimentos, charlamos un poco y volvemos a la habitación.

A pesar de haber dejado todo preparado por la noche, reviso toda la logística nuevamente y me tumbo en el sofá. Visualizo la estrategia, reviso el perfil ciclista, cierro los ojos y me veo entrando en meta con Sami & Leo, sonrío…

Llega la hora. Me hubiera gustado dar un besito a mis tres tesoros pero decido salir de puntillas… Pienso: “Así los besos en la meta será más intensos, si cabe”.

Nos encontramos nuevamente ya en la calle Sali, Carlos, Luís Pablo y yo y nos dirigimos a revisar las bicis, colocar la comida, dejar las últimas cosas en las bolsas, ponernos el neopreno y dirigirnos a la salida. Todavía quedan más de 25 minutos, pero es mejor ir con tiempo… Los nervios siguen estando ahí. Ver el movimiento de gente que hay alrededor me tiene alucinado…

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Nos dirigimos a la orilla para acabar de enfundarnos en el neopreno, catar el agua y calentar un poco antes de empezar la batalla. Allí nos encontramos con familiares y amigos. Echo de menos a Marta, mucho, me gustaría poder abrazarla, pero pienso… “Que duerma, porque hoy tiene su particular Ironwoman con los dos peques todo el día de acá para allá”.

Guardamos unos minutos de silencio para recordar a personas importantes para este Ironman que nos han dejado en los últimos meses y, tras un momento de espera, en el que la tensión se puede notar sin más que mirar las caras de los triatletas, suena el tan deseado y temido bocinazo “Meeeeeeeccccccc”

Allá vamos!!!! Comienza la aventura!!!! Cerca de 2.000 mujeres y hombres de todas las nacionalidades, edades, con distintos objetivos, preparaciones e ilusiones se disponen a iniciar esta bendita locura

Asesorado por los que han sido en todo momento mis padrinos (Carlos, Sali y Luís Pablo) salimos sin ceñirnos demasiado a la corchera para evitar la aglomeración de gente al llegar a la primera boya… “Pues menos mal,  iba pensando” , porque no es que recibiera golpes, es que los primeros 500 metros fueron una batalla campal. Me dieron de todas las maneras imaginables: patadas, codazos, puñetazos… Nada que no esperase, pero es que si llega un tío de 90 kilos y metro noventa y te pasa por encima como un tranvía el trago no te lo quita nadie…

Poco a poco fui entrando en juego y me limité a buscar huecos en los que no recibiera demasiados golpes. La natación no se hizo demasiado dura, pero si es verdad que para meterte en “el fregao” con tanta gente hay que tener recursos para poder ir improvisando y escapando de las aglomeraciones. Tras la primera vuelta todo fue mucho más fácil y al estirarse la gente pude nadar más cómodo. Finalmente salí en 1h 6m 46s. Aceptable teniendo en cuenta que hice bastantes metros de más según mi Garmin.

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En la T1 me tomé mi tiempo (alrededor de 7 minutos). Seguro que se puede mejorar mucho, pero no quería precipitarme y pasarme toda la bicicleta con alguna molestia provocada por la tierra, calcetines, crema solar, etc.

Hice el tramo hasta la bici con las zapatillas en la mano, ya que eran alrededor de 300 metros y con las calas iba a ser un tostón. Llegué a la bici, me puse las zapas, le dije que nos esperaba un rato divertido juntos y me puse a pedalear. Muy buenas sensaciones y mucha incertidumbre frente al recorrido ciclista, que no conocía salvo por vídeos, blogs  y el mapita que me había plastificado con el perfil y que llevaba pegado en el bidón del acople. Hay que decir, que pese a alguna “sorpresilla”, el mapa me vino de lujo para tener referencias de dónde estaba y de lo que estaba por llegar.

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Mi estrategia para la bicicleta estaba más que pensada y consultada conmigo mismo… Reservar, reservar y reservar…. O lo que es lo mismo: cabeza, cabeza, cabeza… Posiblemente ahora que ya conozco el recorrido cambiaría algo, pero no demasiado. Mi objetivo era bajarme de la bici lo suficientemente entero como para afrontar el maratón con garantías, y así lo hice.

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Tuve un momento de duda al ver que no paraba de pasarme gente y más gente, pero seguí pensando en el plan inicial y no quise calentarme (después lo agradecería). De hecho, Carlos me alcanzó en la zona de El Golfo y se lo comenté. Su respuesta “Esto es muy largo…” me sirvió para confirmar que estaba haciendo lo correcto y así seguí.

Sin darme cuenta, y siempre acompañado por nuestro amigo Eolo que es el verdadero “tío del mazo” de la isla, me planté en la subida a Timanfaya. ¡Qué pasada! Ver esa hilera de triatletas acoplados, peleando contra el viento y en un entorno como este se queda grabado en lo más profundo de la retina para no salir de allí nunca. ¡Espectacular!

Tras Timanfaya y ya sin descanso se fueron sucediendo los kilómetros por parajes realmente alucinantes. Es lo bueno de no conocer el recorrido… Un recorrido exigente, sobre todo por la lucha continua contra el viento, pero maravilloso…

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Tinajo, La Santa, la carretera junto a la playa de Famara, Las Laderas (única zona en la que el viento nos dio diez minutos de respiro), Teguise dónde los gritos de aliento de Pablo me dieron un extra de energía que me valió para llegar hasta el inicio del tramo más duro del segmento ciclista… Miradores de Haria y del Río.

Haria se me hizo duro (ese ventarrón…) pero cogí “ritmo de supervivencia” y sin cebarme lo más mínimo coroné con la sensación de que las patitas aguantarían sin problemas hasta el final. El descenso técnico de Haria me encantó. Para un motero como yo no podría ser de otro modo… Y tras la bajada… Zas! Sorpresa! la rampa más cañera de todo el recorrido, la de Guinate. Aquí sí que hubo calentón, lo bueno es que es cortito, pero todavía me acuerdo de la rampita. ¡Aaaainnssss!

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La subida al Mirador del Río, aunque “tiene su aquel”, se hace más llevadera, posiblemente por las vistas de La Graciosa que puedes disfrutar mientras pedaleas hacia él. ¡Alucinante! Tiene alguna zona con un poco más de pendiente, pero con descansillos. Llegué a lo alto, hice canasta con un bidón en la cesta de bidones usados e inicié el último tercio del recorrido ciclista. Supuestamente más llevadero…

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Los últimos 60 kilómetros (más rodadores) me encontré muy bien, y aunque de vez en cuando me pasaba algún “sputnik” puede ir comprobando cómo gente que se había pasado de vueltas al principio lo estaba pagando entonces. No pude evitar pensar que todavía tenían que correr la maratón y ahí sí que lo iban a pasar mal. Recuperé bastantes posiciones y salvo la subida a Nazaret, que no parecía tanto en el mapita y que “se me hizo un poco bola” y los aproximadamente 2 kilómetros de asfalto “salta-empastes” de después de Nazaret que son demenciales, el resto hasta el final los hice rodando acoplado a una cadencia y ritmo cómodo. La entrada a Puerto del Carmen la hice con muy buenas sensaciones, con una mínima molestia en el vasto interno de la pierna izquierda pero nada preocupante.

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Justo cuando estaba a punto de bajar de la bici pude ver a Carlos y Sali que ya estaban corriendo juntos. Imaginé que Luís Pablo iría por delante y me alegré mucho de ver que la bici la habían terminado sin complicaciones. ¡Menudos cracks!

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Me despedí de mi bici con unas palabritas que quedarán entre nosotros e inicié la metamorfosis de ciclista a corredor en la T2. Mirando los tiempos invertí más o menos lo mismo que en la T1, segundo arriba segundo abajo. Tras coger mi kínder con las pastillas de sales y colocar los 5 geles que tenía pensado tomar en la maratón en el portadorsal inicié la carrera a pie con muy buenas sensaciones y pensando en lo bonito que había sido el tramo de bici.

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Tan buenas sensaciones, que al ver el tiempo del primer kilómetro (alrededor de los 4min/km) decidir “bajar el ritmo” porque sabía que con el que llevaba tenía muchas papeletas para “petar” a demasiados kilómetros de la meta. Tan claro tenía que no podía fliparme, que cambié la vista del pulsómetro y lo dejé sólo en vista pulsaciones. No quise saber nada de tiempos y me centré en mantener “la patata” dentro de un rango de pulsaciones que me permitieran hacer un “Forrest Gump” sin problemas, en mi caso entre las 140 y 150 ppm durante toda la maratón, salvo en algún tramo de subida en los que subía 5 o 6 pulsaciones más, sobre todo en los últimos 10 kms.

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Cuando me propuse echar mano del primer gel descubrí con cierta preocupación que de los cinco que llevaba había perdido cuatro. Upppsss! Pensé, “ahora me va a tocar experimentar con los de la organización”, y ya sabemos todos que los experimentos no se deben hacer en días de competición, pero tocaba improvisar…

La primera vuelta de 21 kms se hizo un poco “pestosilla” a la altura del aeropuerto (tanto a la ida como a la vuelta) por aquello de que apenas hay ambiente por allí y lo único que haces es cruzarte con gente con la misma pinta de “flipatleta” que tú, salvo cuando te cruzas con los primeros… Ahí te das cuenta de que estas viviendo algo único. Compartiendo algo con gente que está a años luz de ti pero que también está metida en el mismo “tinglao”. No me extraña que en las fotos salga siempre con una sonrisa en la cara. En la siguiente foto con Jesse Thomas, el que a la postre sería el ganador del IRONMAN…

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Para ir “quemando etapas” me fui dando pequeñas “recompensas” que consistían en hacer los avituallamientos caminando (pero sin parar) de manera que por un lado conseguía alimentarme e hidratarme bien y por otro conseguía bajar 8 o 10 pulsaciones que personalmente me venían muy bien. Creo que únicamente me salté un par de avituallamientos que estaban demasiado próximos. El resto no los perdoné, haciendo uso en cada uno de ellos de las esponjas húmedas que facilitaban los voluntarios (benditos voluntarios) de geles, naranjas, plátanos y bebida que ponían a nuestra disposición. Líquido sólo bebí agua, un par de vasos de coca-cola y un trago de RedBull que casi me mata. Es curioso cómo reacciona el cuerpo cuando le estás dando caña… Lo absorbe todo a una velocidad brutal. Recuerdo que iba a dar el segundo trago al vaso de RedBull cuando noté una sensación rara… Miré el pulsómetro y había pasado de 135 pulsaciones a 163 en cinco zancadas. Cooojones!!! Tiré lo que quedaba de RedBull como si me quemase en la mano. Tuvo que pasar alrededor de kilómetro y medio para volver a quedarme en mis pulsaciones. ¡Vaya pelotazo!

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Fueron pasando los kilómetros y de repente me encontré con una de esas gomitas que indica que has completado una vuelta y que luces con más satisfacción que un pulsómetro de última generación… No recuerdo muy bien en qué kilómetros pero cada vez que escuchaba un “¡Vamos David!” o “¡Vamos Crivi!” se me ponían los pelos de punta y me daba por sonreir.

La segunda vuelta, ya de 10 kms, se me hizo durilla. Empezaba a sentir ya la fatiga de la paliza que nos estábamos pegando, pero la disfruté igualmente. En uno de los avituallamientos que tocaba gel decidí no tomarlo porque estaba más que harto de tragar geles “a cara de perro”… Meeeeccc!!! Error!!! En el siguiente avituallamiento no había geles (o al menos yo no los vi) y noté un bajón que por un momento me preocupó pensando que era demasiado pronto para “trepar el muro”… Afortunadamente me tragué un gel en el siguiente avituallamiento y recuperé las buenas sensaciones. Qué cosas! Como con el RedBull, el cuerpo está “con las orejas tiesas” esperando a ver qué le echas para quemarlo en cuanto le llegue.

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Madre mía! Me acaban de poner la segunda pulserita! Me queda una vuelta! Ya sí que tenía claro que terminaba… Posiblemente los 10 kms más felices de mi vida porque a pesar del dolor de dedos que llevaba (tenía claro que alguna uña iba a palmar) me encontraba estupendamente. Cuando di la vuelta en el paseo que indicaba que me quedaban alrededor de 5 kms me sentía tan eufórico que aceleré el ritmo. Estaba a unos minutos de terminar y los disfruté como un niño pequeño. Todavía hoy recuerdo la sensación…

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Último km y empiezo a buscar a Marta y los peques. La gente grita, la música de la meta ya se puede oír a medida que me voy acercando. Un montón de sensaciones inundan mi cabeza. Sigo buscando… Me fijo bien en el arco de RedBull, zona habilitada para que los familiares acompañen en los últimos metros a los triatletas hasta la meta, pero no veo a los míos. Si veo a la familia de Sali y Carlos, que ya es mi familia también, y pienso que habría sido una pasada entrar con Leo y Sami en meta, sobre todo pensando en ellos dentro de unos años y en lo bonito que sería contarles que ellos también cruzaron la meta del Ironman de Lanzarote con su padre…

Bueno, ya habrá más oportunidades pienso, y sigo disfrutando de los últimos metros, ya por la alfombra que deja ver al final la meta, esa meta que he visualizado mil veces… De repente, entre el griterío escucho un “Papaaaaaaá!!!!” que me es completamente familiar, y allí estaba Marta gritando como si no hubiera un mañana. Me giro y veo que había pasado por delante de ellos y ni los había visto. No me lo puedo creer. Regreso sobre mis pasos y cojo a Leo y Sami, que con una cara de ir flipando con aquel jaleo, me acompañan corriendo hasta la meta. De verdad que esto sí que es imposible explicarlo con palabras. Todavía hoy se me saltan las lágrimas.

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Marta, nunca podré agradecer lo suficiente “tu Ironwoman”, ese que sólo tú viviste y que no tenía otra meta que mi meta… Sacrificarte y aguantar como aguantaste para que yo pudiera entrar con nuestros tesoros en meta no tiene suficiente recompensa… Gracias amor!!!

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Tengo grabadas en mi cabeza las palabras de Leo preguntándome: “Papá ¿Hemos ganado? ¿Hemos ganado?” y la cara de felicidad tanto de Leo como de Sami cuando les dije: “Si hijos, hemos ganado”… Y es que realmente habíamos ganado…

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No al resto de participantes, ni a los que entraron antes ni a los que lo hicieron después. Habíamos conseguido ganar a las dudas, a los miedos, al dolor, a la incertidumbre, a los malos momentos… Y eso tengo claro que no se consigue solo, por eso aquí no vale decir “I AM A IRONMAN”, lo propio es decir “WE ARE A IRONMEN”.

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Va por todos los que me habéis sufrido en mayor o menor medida durante estos meses, los que habéis estado pendientes de los tiempos en carrera, los que disteis aliento con vuestros gritos, en definitiva, a todos los que de un modo u otro sois parte de esta aventura… Gracias de todo corazón!!!

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Paran los muy frikis os paso algunos de mis datos relacionados con este Ironman…

Entrenamiento previo (6 meses aprox.):

Entrenamientos siempre planificados y pautados por Fernando Sancha, entrenador del Club Tiatlón Molokai, amigo y quién despertó en mi la pasión por el Triatlón. Sin él seguramente no estaría escribiendo esta crónica. Sólo espero poder volver a Lanzarote junto a él y poder abrazarnos tras cruzar AMBOS la meta.

Volúmenes aproximados:

  • Kilómetros en bici: 2.500 kms
  • Kilómetros de carrera: 600 kms
  • Kilómetros de natación: 100 kms

 

Mi alimentación el día de la prueba:

  • Natación:
    • Nada, si no cuento los tragos que le di al mar, que fueron unos cuantos! Sales a tope!
  • Ciclismo:
    • 16 geles Nutrisport en bidón mezclados con agua.
    • 3 barritas Victory Endurance de Avena y Fruta.
    • 8 pastillas de Sales Minerales 226ERS Salts Electrolytes.
    • Un sándwich de jamón y queso (en dos partes: km 106 y 150 aprox.).
    • Agua.
  • Carrera:
    • Agua.
    • 2 o 3 vasos de CocaCola.
    • 1 gel Victory Endurance Energy Up! + Cafeína.
    • 5 geles de la organización.
    • Naranjas, plátanos.
    • 6 pastillas de Sales Minerales 226ERS Salts Electrolytes.

     

Bicicleta:

  • Marca: Canyon
  • Modelo: Speedmax
  • Desarrollo: 54/39 11/28

 

Zapatillas:

  • Saucony Kinvara 6

 

Ropa:

  • Taymory

 

Mi punto de vista:

Y aquí os dejo un vídeo que grabé la mañana siguiente de la prueba. Sí, parece que me he fumado algo, pero es que todavía estaba con un “colocón emocional” importante… Bueno! y con sueño, que eran las 8 de la mañana post Ironman!

 Otros vídeos:

Resumen Club La Santa:

Resumen Triathon Channel:

Crónica Running:

Resumen de Kuri:

UNA HISTORIA DE AMISTAD Y SUPERACIÓN por Juan Arroitia: